El lado brillante de la música

El lado oscuro de la Luna
El lado oscuro de la Luna
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Una historia muy personal

En 1979, mientras cursaba el segundo medio en el colegio ILADE en Potosí, un compañero de curso, Gudkor Zuleta (+) me preguntó si había escuchado el álbum «The Dark Side of the Moon» de Pink Floyd. Mi respuesta fue un ¡No! Terminante; a lo que él agregó ¡tienes que escucharlo!

Gudkor, primero de la derecha en la fila delantera (parte de los Halcones 81)

En la postrimería de los 70, la música disco estaba en esplendor, el ritmo monopolizó películas, discotecas, emisoras de radio y programas de TV. Parecía que las estrellas de Rock se habían anublado ante las luces intermitentes de neón y sus gritos estridentes de libertad habían enmudecido.

La música Disco no era de mi predilección. Sin embargo, no logré evadir la tendencia, tampoco Gudkor y peor los hostiles a la música “complaciente”, que terminaron no solo aceptándola sino también, ensalzándola y elogiándola.

Ese año, sí había escuchado “Another brick in the wall” de Pink Floyd, en Radio Nacional de Huanuni, una de las más de 20 emisoras que transmitían desde diferentes distritos mineros, la mayoría en el Altiplano. Esas emisoras fueron “La Voz del Minero” durante el auge de la industria extractora, asimismo, fueron el activador de mi fanatismo por el Diexismo.

No obstante, en mi curso teníamos variados gustos musicales: Donna Summer, Boney M, Roberto Carlos, Bread, America, Supertrump, Peter Frampton, etc. Entre las chicas: ABBA, Suigeneris y Erth Wind and Fire.

Los bailes y los intercambios de música en discos o casetes eran habituales en mi curso, entretenimiento que amplió nuestros gustos y conocimientos musicales.

Joyas de coleccion

Otro compañero de curso, Edgar Ponce me prestó un casete con el álbum “Animals”, mi primo José Revilla consiguió “Atom heart mother” y “A nice pair”. Aluciné con esas curiosidades de Pink Floyd. Eran vinilos de la productora Discolandia, verdaderas rarezas y hoy discos de colección.

Hector Sánchez (+), era fan de Olivia Newton John y los Bee Gees, su cuarto estaba iluminado con luces de colores y tenía posters de ABBA y Bee Ges en las paredes. Aficionado a la locución, fue DJ en una emisora local.

Hector, en su labor como DJ en 1980
Hector, en su labor como DJ en 1980

Para mí, era rutina por las tardes a la salida del colegio volver a casa y sintonizar radio Panamericana en onda corta. Juan José Manrique conducía el programa “El Musiquero”. Era la voz, la fuente autorizada sobre la música de moda, las primicias y futuros hits.

Con frecuencia, sintonizaba también a Juan Peirano en la BBC de Londres en su programa Ritmo, también en onda corta. En onda corta, mientras más lejana la emisora escuchada, más excitante se ponía la afición por el Diexismo. ¿Cómo demostrar que se había escuchado una emisora de la Europa del Este? Entonces había que escribir a la radio y enviarle una calificación sobre la calidad de la escucha, esa calificación que varía del 1 al 5, se hacía con el código SINPO (Señal, Interferencia, Ruido, Propagación y Promedio de calidad de la señal). La siguiente tabla es un resumen y ejemplo de una calificación de escucha.

Código SINPO (Fuente: Wikipedia)

Entonces la emisora debía devolver una tarjeta de confirmación de escucha (QSL Card). Una interesante, muy entretenida e instructiva afición.

Parte de mi colección de tarjetas QSL

Podía captar emisoras de todo el mundo, pero “El Lado Oscuro de la Luna” era un misterio para mí, mis referencias rockeras eran Beatles por supuesto, además de: Santana, Black Sabbath, Deep Purple y Uriah Heep grupos muy populares entre los jóvenes de mi barrio. Recuerdo un programa matinal en radio Electra en AM (Amplitud Modulada), conducido por Raquel Cordero de voz cálida, suave y melodiosa. El operador, ponía de cortina musical la canción “Gipsy”, pero no lo supe hasta que el disco, lo mejor de Uriah Heep llegó a mis manos.

De lo más progresivo que había llegado a escuchar, menciono el grabado en un casete negro, sin etiquetas, sin marca. Lo escuche en una tarde fría y ventosa, de esas que cada cierto tiempo cubren con polvo el cielo de la Villa Imperial escondiendo tras de sí las bellas montañas que la rodean. Me lo prestó Coqui Marzluf (+) con la sugerencia, que lo escuche completo de principio a fin, me dijo es Tim Blake. Según él, mejor que Mike Oldfield (conocido por la música de la película “El exsorcista”). Aún conservo una copia de esa cinta y con ayuda de la Internet, encontré al desconocido de Tim y por fin le puse títulos a ese álbum: “New Jerusalem” (1978).

Retomando el tema de los “Floyd”, cierta tarde, Gudkor me invitó a tomar té en su casa, ocasión perfecta para escuchar por vez primera el vinilo con tapa negra y un prisma refractando un rayo de luz, la portada fue diseñada por Storm Thorgerson de Hipgnosis y que es una de las imágenes más reconocidas en la historia de la música.

El álbum incluía un poster de las pirámides de Guiza, un poster del grupo y los adhesivos de colores con diseños piramidales.

Cuando comencé a escuchar el álbum, supe que escuchaba algo especial. La forma en que las canciones estaban conectadas entre sí, creando una experiencia auditiva cohesiva y única, me dejó sin aliento.

Después de un tiempo, Gudkor me dejó el disco para copiarlo en casete. Mi mamá mecanografió las letras en la Olivetti y tradujo las canciones.

Esa cinta de 60 minutos se convirtió en la más preciada y se escuchó muchas veces en el “Tres en Uno” Panasonic, equipo de sonido con una radio, un reproductor de casetes y un tocadiscos, aparatos comunes en los 70.

La combinación de letras profundas, emotivas con la música experimental y los efectos de sonido únicos utilizadas por la banda en cada una de las canciones, me cautivaron.

Por ejemplo, «Money» con su distintivo riff de guitarra y su mensaje sobre la obsesión con el dinero. «Us and Them», con sus armonías vocales y sus letras sobre la guerra y la división, también me impactaron profundamente.

Y la canción «Time» me hizo reflexionar sobre cómo el tiempo se nos escapa constantemente y la necesidad de aprovecharlo en cada momento.

Tired of lying in the sunshine, staying home to watch the rain
You are young and life is long, and there is time to kill today
And then one day you find ten years have got behind you
No one told you when to run, you missed the starting gun

Time by Pink Floyd

El solo de vocal en “The great gig in the sky” por Clare Torry es simplemente espectacular e inigualable. Al igual que, las melodías del saxo de Dick Parry en “Us and them”.

El álbum me dio una nueva perspectiva sobre la música, significó para mí un descubrimiento a nivel personal. Siempre que lo escucho, me hace reflexionar sobre mi propia vida y las cosas que valoro.

El año 1981, mi familia emigró a La Paz y en la primera oportunidad que tuve, compré el disco en legendaria tienda “Stereo Records” en la Av. 6 de Agosto.

Aviso publicitario publicado en Presencia el 31 de diciembre de 1966

La disquera era pequeña, acogedora con varios anaqueles rotatorios y estantes. Recuerdo algunos vinilos cuyas tapas están frescas en mi memoria: Rick Wakeman “No earthly connection (1975)”, Black Sabbath “Never Say Die (1978)”, Beatles los álbumes dobles Rojo y Verde (1973), Rolling Stones “Get Yer Ya-Ya’s Out! (1970)” entre muchos otros. “The Dark Side of The Moon” fue el primero de mi pequeña colección de discos americanos y hasta ahora es el más atesorado.

Es impresionante pensar que un álbum que salió a la venta hace 50 años (marzo de 1973), todavía es tan relevante y significativo hoy como lo fue entonces. «The Dark Side of the Moon» es un álbum que ha resistido la prueba del tiempo y seguirá siendo una obra maestra atemporal de la música.

Finalmente, para mí es la puerta a la máquina del tiempo que me lleva a los mejores años de mi vida, la adolescencia, y recordar las anécdotas en el cole, mi hogar, las aventuras con mis amigos de barrio y conservar el recuerdo de compañeros y compañeras que se fueron antes de tiempo.

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